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Hasta el Teatro de la Universidad de Concepción, llegaron ayer las diez
compañías del Cuerpo de Bomberos penquista. No se alarme, no los concitó un
incendio en el recinto, sino que la merecida celebración del Día Nacional del
Bombero Voluntario. Ante un público obnubilado por sus radiantes uniformes y
escarapelas de colores, desfilaron 500 bomberos, entre jóvenes cadetes que aún
tienen prohibido lidiar con las llamas, hasta ancianos con glorioso pasado sobre
sus hombros. Todos, sin excepción, lucieron con orgullo su vocación bomberil
de caballeros del fuego y profesionales de la emergencia. A pesar de que la
de ayer fue una mañana fría, los aplausos entibiaron el asfalto de calle
O”Higgins, donde los voluntarios desfilaron en compañía de la Banda Instrumental
del Regimiento Chacabuco, que ayer realizó su primera presentación en una
ceremonia cívico- militar, después del accidente de Cañete. Las imágenes eran de
gloria por racimos. Al interior del teatro, cada butaca contaba con su
ocupante y decenas de personas debieron permanecer de pie para no perderse
detalle de la ceremonia de los caballeros del fuego. De impecable uniforme,
casco lustroso y ánimo a toda prueba, los “chicos buenos” demostraron que, según
pasan los años, más fuerte es su disposición hacia la comunidad.
Premios hubo
para todos los méritos imaginables. Incluso se reconoció a los mejores
porcentajes de guardia nocturna, donde un voluntario de la Tercera Compañía
batió el récord del año: pernoctó 332 noches en su cuartel. Como para no creerlo
así es el espíritu bomberil. Y si de emotividad se trata, las bulladas
expresiones de sorpresa e incluso algunas lágrimas, las arrancaron Eduardo Melo
Melo y Guillermo Benavente Parra. Ambos voluntarios cumplieron nada menos que
60 años de servicio a la institución y, por supuesto, a la
comunidad.

Mientras el primero recibió la condecoración de manos de su
esposa, al segundo lo galardonó su hijo, hoy subteniente de la Armada. Y
ellas tampoco lo hicieron nada de mal. Vanessa Herrera Careaga, de la Quinta
Compañía, también fue reconocida por sus cinco primeros años de servicio a la
institución. Radiante, fue la única galardonada ayer, pero el recinto contó
también con decenas de uniformadas.


Financiamiento, el mismo detalle
de hace 156 años
A pesar del buen momento, nuestros bomberos están
saturados del sobre y el tarrito. Con diplomacia, así lo manifestó el
superintendente de Concepción, Mario Viveros Jara, debido a que la institución
“no recibe una asignación digna y no existe una ley que determine una asignación
permanente para sustentar nuestra labor”. Viveros entregó su crítica cuando
se dirigió a la familia bomberil al interior del teatro, pero es compartida por
los 700 voluntarios locales, que año a año deben recurrir a la tarea de tocar
puertas. “Tengo preparados proyectos y espero que obtengan buen resultado,
porque no puede ser que apenas se financie un 20% de las necesidades
operacionales de la institución”, reclamó al el diputado Jorge Ulloa Aguillón,
al respecto. El presupuesto público otorgado este año a Concepción fue de
$200 millones, para 10 compañías. También a juicio de la alcaldesa Jacqueline
van Rysselberghe, elmonto es insuficiente. “Se merecen trabajar en óptimas
condiciones, y no es así”, planteó. Por su parte, Bernardo Mendoza Muñoz,
comandante de Concepción, agradeció la presencia de la comunidad en una fecha
que corresponde al día en que se formó, en Valparaíso, el primer Cuerpo de
Bomberos de Chile, hace 156 años.
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