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Vivimos en un país sísmico y cada cierto tiempo nuestro territorio se ve
sacudido por un terremoto. No hay instrumento existente que permita predecir
uno, pero sí podemos estar mejor preparados, sobre todo en zonas densamente
pobladas. Nuestra región presenta fortalezas y debilidades que incidirán en
la capacidad de respuesta ante un sismo de gran magnitud, dice el director
regional de Emergencia, Jorge Henríquez Cárcamo, quien explica, en todo caso,
que ante un evento mayúsculo es difícil hacer pronósticos.
Entre los puntos a
favor está la calidad de las construcciones existentes, pues la mayoría en las
grandes ciudades son antisísmicas y las más antiguas son después de 1960, cuando
se registró el último gran terremoto que afectó a la zona. “En los campos
existen más construcciones de adobe, en las que puede haber problemas”,
explica. Otro punto fuerte es la red hospitalaria con centros de especialidad
y disponibilidad de pabellones y camas, dijo.
Henríquez afirmó que las
tragedias invernales de 2005 y 2006 han permitido que haya coordinación entre
servicios públicos y redes asistenciales como Ejército, Carabineros y Bomberos,
un aspecto clave a la hora de enfrentar una emergencia. En cuanto a las
plantas de agua, afirmó que están diseñadas para resistir. Las
vulnerabilidades, en tanto, están dadas por la construcción en lugares no aptos,
como en cerros. Respecto al asentamiento en la costa y la posibilidad de un
tsunami, dijo que es utópico prohibir lo primero, pero sí hay que tomar
precauciones, como edificar en diagonal a la rompiente de la ola y habilitar el
primer piso como estacionamiento.
Otro hecho que podría causar un descalabro
es la existencia de redes de gas que pasan por el centro de las ciudades, ya que
se podrían generar explosiones. El director de la Oremi afirmó que una
debilidad que debe superarse es la insuficiente preparación de la población. “No
es que no hallamos hecho nada, sino que no hemos sido lo suficientemente
efectivos”, reconoció.
Lo ocurrido enAisén era el“peor escenario”
Jorge Henríquez hace tres semanas, antes de asumir el cargo en la
región, se desempeñaba en la Oficina Nacional de Emergencia y trabajó en el
monitoreo del “enjambre sísmico” que desde el 22 de enero afecta al fiordo de
Aisén.
Por ello, afirma que lo ocurrido el sábado 21 “era el peor escenario”,
porque la vulnerabilidad era mayor, ya que las lluvias saturaron las laderas y
se produjeron deslizamientos. En todo caso, restó dramatismo a lo ocurrido:
“No quiero sonar insensible, pero en el caso de Aisén hay tres muertos y siete
desaparecidos y hace unos días hubo 12 muertos en un accidente de tránsito en el
norte. Los daños materiales que se generaron son menores: un par de casas y
algunos caminos con daños”, expresó.
Afirmó que no se puede pretender que se
evacue a toda la población de Puerto Chacabuco. “Tu no puedes detener el
quehacer normal de una ciudad, sí se pueden tomar acciones para hacerla menos
vulnerable”, opinó. Y en ese sentido criticó a quienes dicen que no se ha
hecho nada en Aisén, “pues se ha estado monitoreando y enseñando a la gente cómo
actuar. Lo que pasa es que las emergencias tienen su ribete político, pero
analizar eso no me corresponde”, expresó.
Los grandes sismos en la zona
Lo que hoy se conoce como Concepción y Talcahuano ha sido sacudido una
veintena de veces por terremotos y tsunamis. Desde que se tiene registro
histórico grandes sismos han ocurrido en 1562, 1570, 1657, 1730, 1737, 1751,
1816, 1831, 1835, 1868 y 1920. En todos ellos, los destrozos fueron
significativos por el tipo de construcción de la época. En el siglo XX dos han
sido los eventos demayor magnitud y daño: en 1939, que destrozó Chillán y
Concepción, y dejó 75 mil muertos; y el de 1960, con epicentro cerca de Valdivia
y grado 8,5 Richter. Este terremoto con maremoto dejó 120 muertos en
Concepción.
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